No sois los culpables, sois las víctimas


Por Vanesa Merlón Peña

Por fin tenéis un teléfono de ayuda al acoso escolar en el cuál podéis llorar vuestras penas. Os escucharán atentamente y os sentiréis comprendidos y aliviados en saber que hay alguien ahí que quiere ayudaros aún sin conoceros.

Pero no cantéis victoria ni creáis que aquí se acabó todo.

Sois jóvenes aún para tener la capacidad analítica necesaria para entender la magnitud de vuestro problema y, lo más importante, el saber por qué os está pasando esto a vosotros.

Pero no sois los culpables. Sois bajos, altos, gordos, delgados, feos, guapos, más o menos inteligentes. Pero al fin y al cabo personas, con sus defectos y virtudes, al igual que los adultos, pero sin la madurez necesaria para poder defenderos por vosotros mismos.

No calléis nunca. JAMÁS. Hablad con vuestra familia en primer lugar: padres, hermanos, tíos. Ellos sabrán el siguiente paso a dar.

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No tenéis que sentir vergüenza. NO SOIS LOS CULPABLES, SOIS LAS VÍCTIMAS.

No penséis que hablando vais a hacer daño a vuestra  familia, o a defraudarlos. Todo lo contrario. El simple hecho de que contéis con ellos ya los harán sentir útiles. Intentarán ayudaros de la mejor manera que sepan, no lo dudéis. Aunque tenéis que saber que se darán de bruces contra mil muros, y que el camino será largo y doloroso para todos.

En primer lugar chocarán contra el centro escolar. Por norma general, y aunque desde hace un par de años parece que el asunto quiere cambiar, intentarán negar lo evidente. Ningún director quiere que bajo su mandato se dé este tipo de prácticas, “queda feo en su expediente”.

El segundo gran choque, y más dañino y decepcionante, es contra la ley. Como sois menores, parece que tenéis vía libre para actuar como os dé la real gana. Tan sólo le caerán un par de regañinas a los acosadores por parte de los jueces y similares. Claro, es que son aún pequeños para saber el daño que hacen, y se les da la oportunidad de poder seguir desarrollando sus vidas libremente por si se les ocurre hacerse hombres y mujeres de bien. A vosotros, víctimas, os toca seguir apretando los dientes para no estallar. Y seguir aguantando con lo que os toque, claro. Parece ser que eso de desarrollarse libremente es un lujo apto sólo para privilegiados.

Eso sí, vuestros familiares verán un poco de consuelo en agentes de la ley y medios de información. Los primeros intentarán atajar el problema hasta donde esté en su mano, sin lugar a dudas. Y los segundos intentarán lo mismo dando a conocer públicamente lo que os pasa.

Ahora bien, he de deciros que, además de ser acosados, puede que os toque quedaros sin amigos. Y en cierta manera es hasta comprensible, ¿Quién va a querer ser amigo vuestro para que empiecen a hacerle a él o ella lo mismo? El miedo es algo que no se puede controlar.

Aconsejarán a vuestros padres que os cambien de cole, que cambiéis de amigos o, incluso, les pedirán que si tienen la oportunidad os mudéis a vivir a otra zona de la ciudad o a otro pueblo, dependiendo del caso.

De nuevo vía libre para acosadores y el marrón para vosotros y vuestra familia. Una “fácil y rápida solución” que os hará sentir a todos más desolados, solos en vuestra lucha.

Pero no todo es tan negro y malo. ¡Tranquillos, hay solución!

Estos hechos quedarán grabados a fuego en vuestra memoria y la de familiares, cada uno con sus sentimientos de culpa y los pensamiento de “si hubiera actuado antes…”, “si no hubiera cayado todo tanto tiempo…”, “si hubiéramos hecho tal y cual…”

Si todos juntos sois capaces de sobrevivir a esto, gracias al apoyo y comprensión del núcleo familiar, puede que los acosadores se olviden de vosotros y empecéis a vivir vuestra vida en paz, con la infancia o adolescencia casi perdida y marcada, pero con la satisfacción de saber que sois fuertes y que tenéis la vida por delante para ser grandes personas y, ante todo, grandes seres humanos.

Tristemente existe otro caso: el que los acosadores no se olviden de vosotros. Que no hayáis podido cambiar de residencia y que, aunque ya no vais al cole o al instituto porque habéis crecido, ellos siguen empeñados en que sepáis que os siguen odiando, no se sabe por qué motivo, y que os van a fastidiar (por decirlo educadamente) hasta el fin de vuestros días. En este caso la familia debe actuar y dirigirse a la justicia. Ya no son menores. Hacedlo cuanto antes, puede que así os ahorréis unos cuantos viajes al hospital, ya que si con el paso de tantos años no se han olvidado de la víctima, nunca lo harán si no ponéis medios, y cada vez los ataques irán a peor.

Con suerte, conseguiréis una condena para ellos, o sólo para algunos. Realmente no os satisfará, porque nada os va quitar todo el sufrimiento pasado, pero sí que os va a brindar la oportunidad de que el abuso vaya a menos o desaparezca y, lo más importante, que al fin podéis gritarle al mundo que la razón era vuestra, que no eras el malo ni el culpable. Tan solo la víctima.

Podéis reprocharme que escriba mejor o peor, que haya sido dura o que sea bastante incrédula con parte del sistema. Pero tan sólo he pretendido plasmar un poquito de una dolorosa historia vivida por mi familia, que hoy aún sigue abierta, después de más de 14 largos años de sufrimiento en silencio. Pero si algo hemos aprendido es que, por más que todo el mundo esté en nuestra contra, jamás volveremos a callar y a dejar pasar nada.

Un pilar fundamental de mi se perdió, por culpa de algunas energúmenas acomplejadas, su infancia, los que debieron ser sus “aquellos maravillosos años”…

Esto va por ti hermanita. Te quiero.

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