¡¡Este señor es mi abuelo!!!


Por Pastor Cornejo

Como cada año acudo al Pregón Taurino de las fiestas de mi pueblo; y cada año al regresar a casa, y también allí, recuerdo a mi abuelo materno….¡el abuelo Alfonso!

¿Y quién es el abuelo Alfonso? Bueno ….. el abuelo Alfonso “era” un señor abuelo, aunque no nos fuera a recoger a la escuela, no nos sacaba de paseo, no nos daba de comer porque estábamos siempre en su casa, no nos llevaba al parque con los cacharritos para jugar…..pero nos montaba en la burra del tío Francisco, nos dejaba correr detrás de los cochinos, nos dejaba subir a las encinas…..aunque mi madre relatara……en fin era y ejercía de abuelo, que eso es lo que tienen que hacer los abuelos……disfrutar de los nietos contándoles batallitas y jugando y divirtiéndose con ellos.

Pues bien, el abuelo tenía una gran afición…..LOS TOROS. Sí, con mayúsculas. Por ello mal vendió La Cerca, para irse a Sevilla a ver una gran corrida, según él, siendo yo un niño de muy pocos años. Pero fue feliz, muy feliz.

Cuando joven…, apuesto, elegante, bien trajeado…..según oí decir a mis tías abuelas y a mi madre, su afición lo llevó a dejarse la coleta, y según las crónicas (no escritas) de la época había toreado becerradas, y alguna que otra novillada.

El destino lo lleva a cortejar a mi abuela, hija de la abuela Dorotea, (testigo de la matanza de Riotinto) que debió ser de armas tomar, aunque mis amigas Cinta y Mati piensen que por abrirse más o menos de piernas eran unas “sometidas”, mas o menos. Es broma mis queridas amigas.

Voy a hacer un alto en esta semblanza, para incidir algo en la vida taurómaca de aquella época romántica. Los que hayan leído sobre los comienzos de este arte habrán visto que en el XVIII-XIX, el arte de torear a pié había bajado del caballo al suelo. El pueblo llano no tenía caballos y se lió un trapajo al brazo, como si un duelo fuera, para pelear con el toro. Entonces sólo se atrevían a ello bandoleros, truhanes y gentes de mal vivir, salvo honrosas excepciones. La abuela Dorotea, cuando vio a aquel “cortejador” de su bien amada hija, con una coleta cual matador reputado de toros se dijo….¿Pero qué clase de “lechuguino” se va a adueñar de mi hijita? ¡No le caería bien mi pobre abuelo!, ”(todo se hereda, pero yo no era torero),  mas como el que la sigue la consigue, la bisabuela Dorotea viendo los amores correspondidos de su hija se diría….pongámosle una condición para que decaigan sus deseos amatorios. ¿qué sabría de amores la bisabuela?¿Verdad mis amigas?. Imagino esta conversación; “”mire, joven apuesto y elegante, accederemos a vuestra relación amorosa con nuestra hija si deja usted esa afición al arte de Cúchares”. Pobre bisabuela…… Yo creo que no conocía el amor con el bisabuelo Pablo; prometió y prometió……y consiguió el amor de la abuela Delia. “Ella, la bisabuela, pidió dejar la afición al arte….no dijo nada de cortarse la coleta”. Se casaron, fueron felices y tuvieron cuatro hermosas hijas….entre ellas mi madre, y parece ser que del abuelo heredé algunas “cosillas” sin importancia.

Volvamos al abuelo. Se celebraba la SEPTEMBRINA feria de Zalamea. Una gran corrida con toros de Carvajal. Sale uno de seis años y seiscientos kilos (según las crónicas orales). Mata los caballos que reglamentariamente había que tener en la plaza. El toro se hace dueño de la plaza, se emplaza en el centro (como diciendo haber si hay….. de sacarme de aquí). Los matadores se niegan a seguir y el presidente determina que sea muerto de un disparo. Murmullos en el graderío….. movimientos en el sol para evitar el disparo….y el pueblo que empieza a nombrar al abuelo. Había prometido no coger más los trebejos taurinos…..pero esa afición contenida comenzó a calentarse, empezó a hervir….se levantó, se quitó la chaqueta,… pidió permiso a la Presidencia y….. saltó el murete, extendió la pañosa, avanzó hasta el aposentado toro en el centro, lo citó….. y, tantos años contenidos esos deseos de torear….le enjaretó una gran faena que terminó con un estoconazo hasta la guarnición.

Fue el delirio, lo sacan a hombros, lo sacan de la plaza y suben hasta la calle de la plaza, pero al llegar a la estrechez de la torre consigue echarse abajo de las espaldas de aquella enfebrecida multitud…..y les explicó….si llego a casa así me echa mi suegra.

Estaba la abuela Delia embarazada de la tía Antonia. ¿No creen ustedes que el abuelo se merece que su foto esté en la Peña Taurina?. Sé que los puristas dirán….no está en los escritos de la Memoria…..Taurina de Zalamea.

Abuelo,…… yo te veo cada tarde de toros en Zalamea, y puesta tu foto al entrar en casa. Un abrazo, donde estés.

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