Andalucía, un dulce casero


Por Vanesa Navarro Calero

Termina un ciclo y comienza un nuevo tiempo político. Andalucía, Andalucía, Andalucía… a ti la primavera te viste de lunares y un único cromatismo no cala entre tus habitantes. La jornada electoral del 25 de marzo es y puede ser histórica por muchos aspectos. El primero de ellos es porque las urnas estaban vacías y no hay mejor campaña que la que se hace “casa a casa, barrio a barrio”. El segundo es que el silencio y la prepotencia como estrategia no funciona en esta tierra rebelde. El tercero es que todos somos protagonistas en este acontecimiento democrático pero desgraciadamente los actores protagonistas son los andaluces que se quedaron en casa y no ejercieron su derecho al voto. Y eso hay que tenerlo muy en cuenta, la escasa participación de los ciudadanos de esta comunidad me lleva a entender que no quieren formar parte de este circo bipartidista en el que uno acusa a otro de corrupción mientras el otro utiliza en campaña los recortes a la clase trabajadora.

La lectura de la abstención hace que entienda que el votante del PSOE, el fiel a la rosa y el puño, se quedó en casa antes que dar la victoria absoluta a los populares, y que los andaluces rebeldes, aquellos que no se sienten identificados con el “tu más y yo también” se echaron a la calle sin pregones de Semana Santa de por medio y sin una hora del tiempo perdida para dar su apoyo a la izquierda más unida.  Andalucía no quería un único vestido azul, con voto o sin él, no quería ser la mantilla de España, a pesar de hacer historia tras 30 años de bata de cola socialista.

Andalucía es rebelde, se ha convertido en el punto de mira de un gobierno mayoritario que pensaba hacer de esta tierra el último piso de la tarta de las políticas neoliberales. Pero Andalucía no es un dulce industrial ni tecnócrata, ni las encuestas más cocinadas han dado como resultado un dulce goloso y popular. Porque como dice un sabio comunicador: la ciudadanía es soberana y se hace el moño donde le da la gana. Ahora Andalucía será un dulce casero para las fuerzas políticas porque tendrán que empezar a amasar despacio su base, endulzar con criterio sus medidas para salir de la crisis, empolvar con rebeldía las cuentas impuestas por el pastelero nacional pero sobre todo, Andalucía será el lugar donde la soberanía tendrá un paladar especial y distinto. Andalucía ya tiene futuro y se llama rebeldía, templanza y rebeldía.

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