Relatos Cortos: En la desesperanza (II)


– Trabajas en el ejército……
– No,- soltó una carcajada,- no soporto las ordenes, soy subcomisaria de la policía nacional, trabajo en la comisaría que hay a cuatro manzanas de aquí.- Él se puso muy pálido, la sonrisa se le quedó cuajada en la cara.
– Vete de mi mesa ahora mismo, siento ser tan brusco, pero no es por ti, puedes joderlo todo.

Ella se alejó malhumorada por el desprecio y la falta de cortesía, desde luego no era el primer hombre que la mandaba con mucho viento fresco al saber su profesión, pero ninguno tan bruscamente y con tan poca educación, la mayoría intentaba llevarla a la cama antes. En ese momento sonó el móvil de él, pudo ver que se ponía muy pálido de nuevo, sudaba copiosamente. Su instinto profesional la hizo pararse en su retirada, se entretuvo haciendo como que se abrochaba los cordones de sus altas botas. Desde allí pudo oír la conversación.”Si lo tengo todo, no, nadie lo sabe, ¿quien?, no, no, no la conozco, era una buscona buscando cama. ¿Dónde nos vemos? ¿Qué? yo no os he engañado, lo tengo todo, solo quiero terminar con esto, y que Elena esté bien…¡¡Mira cerdo o me la entregas hoy o acudo a la policía!! Se acabó el tiempo, se te terminó el plazo o hoy o nunca…..No, ahora soy yo quien pone las condiciones, tengo lo que me pediste, te lo entrego hoy y ahora y tu me la devuelves o despídete…..Pues mátala, así me quitas un problema más, así no tendré que encargarme más de esa invalida inútil……..”. Colgó el móvil y volvió a mirar el reloj. Su cara tenía verdadera preocupación. Su ego femenino le decía que pasase de él, que se comiese solito sus marrones, pero su instinto profesional le decía que se cocía algo serio, algo realmente serio, y así entre la duda, abandonó la cervecería.

Se paró frente a un escaparate, confundida entre la gente, simuló que examinaba cada uno de los artículos expuestos en él. Sus ojos iban hacia la cafetería, el tipo, no salía y desde allí no podía verlo, cambió su lugar, ahora se entretuvo en un quiosco de prensa, ahí tendría la excusa para hacerse la entretenida un rato más y su visión de la cafetería era mejor. Él salió al rato, pálido, sudoroso, y cruzó el parque que había frente a la cafetería con paso rápido, ella lo siguió a cierta distancia. Se dirigía al descampado, donde tantas recadadas había realizado ella, donde raro era el día en que no retiraban el cadáver de un yonqui muerto o una prostituta asesinada.

Se sentía mal de cómo había tratado a aquella chica, realmente algo le decía que era especial, pero ahora no podía pensar más que en Elena. Elena fue su novia desde la universidad, era preciosa, una chica encantadora y con gran futuro. Los dos eran aficionados a las motos, un desgraciado día, en el asfalto había una gran mancha de aceite, la moto derrapó, el cuerpo de ella salió disparado, el quitamiedos le cortó las dos piernas, y el golpe en la columna la dejo tetraplégica, su mente estaba viva en un cuerpo muerto. Mario la cuidaba desde entonces, pero a veces la carga era muy dura, y sus necesidades otras. Durante los primeros años se dedicó a estudiar, a enriquecer su currículo, y era fiel a Elena, luego empezó a salir con otras mujeres, siempre relaciones sin compromiso, pero su cuerpo y su mente tenía otras necesidades. Y después pasó lo que ahora lo tenía en esa tesitura, siguiendo las indicaciones de una voz anónima, corriendo tras un parque, entrado en un descampado infectado de gentuza y jeringuillas y sabe Dios que más cosas.
MJ. Rider

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