Relatos Cortos: Vocación (I). Basado en hechos reales


 

Poco a poco fui abriendo los ojos, estaba soñando, era un niño otra vez, y volvía a ver, como siempre una corrida de toros en televisión, creo que me han gustado los toros siempre, desde muy pequeño, desde que tengo uso de razón. Mis compañeros de clase siempre jugaban con su capa roja a que eran  Superman, yo siempre era torero. Toreaba, gallinas, toreaba pollos, a mi gata, a todo amigo mío que quisiera.

 

 

Me duele todo el cuerpo, creo que tengo que tener algún hueso roto, me duele la pierna, me la miro, y veo las tres heridas vendadas, ahora tomo conciencia de donde estoy, en el hospital, y estas heridas son consecuencia del monstruo que me ha atacado vilmente, porque realmente era un monstruo.

 

 

Mis padres, viendo mi afición, me apuntaron a una escuela taurina, mi afición era grande, mi vocación mucho más, pero tenía un problema, un problema muy grave para un torero, me dan mucho miedo los toros, miedo no, pánico, tanto así que hasta estos que regalan en las tómbolas  de las ferias, estos, que tocan un pasodoble, hasta esos me infundían respeto. Y para colmo, yo tengo muy mala suerte con los toros, o es que los toros me dan mala suerte, no se.

 

 

Ya pasada mi adolescencia, mis amigos, los vecinos de mis pueblo, que me llamaban “el torero”, y mi padrino, quisieron hacerme un homenaje, darme la oportunidad de cumplir mi sueño, me iba a vestir de torero, pero la sorpresa no estaba ahí solo, había organizado una corrida para mí, con una ganadería, muy especial….

 

 

Quiso el destino que a un famoso torero se le averiase el coche en mi pueblo, el maestro, tuvo que irse rápidamente a una provincia vecina, cogió solo lo necesario para la corrida de esa tarde y dejó el resto allí. Yo sabía la ilusión que les hacía a los vecinos de mi pueblo que usase su traje de torero, pero yo quería vestirme de torero de verdad, y Dios me lo había puesto en bandeja.

 

 

Mi padrino y el mecánico del taller, me ayudaron a vestirme, y ahí ya empezó el primer problema, no había quien me colocase la taleguilla. Una vez todo puesto en su sitio, que costó lo suyo, que todo hay que decirlo, nos damos cuenta de que, no me he puesto las medias. Lógicamente era imprescindible ponérmelas, pero mi padrino y Antonio, el mecánico, decían que ya no volvían a pasar por el trance de la taleguilla otra vez, por lo que optamos por remeterlas, como bien pudimos.

 

 

Ahora vino el problema numero dos, las manoletinas, yo calzo un 45, y eran de un 42, yo, con mi afán por hacer mi sueño realidad, pensé que como eran elásticas, se adaptarían. Al ponerlas, me pegaron un bocado en los dedos, que me los dejó todos chuchurridos, arrugados y contraídos. Mi problema era grande, pues solo tenía unos zapatos marrones, que no iban nada, pero como soy un hombre de recursos, tuve la genial idea, los pinté de negro, con Kanfort, de toda la vida.

 

 

Ya todo maqueado, casi al oscurecer, entro a casa, henchido mi pecho, orgulloso, para presentarme a mi madre. La buena mujer lloraba como una Magdalena, de emoción pensaba yo, hasta que la oí decir, “¡¡ay mi niño que la vaca le va a pegar una paliza!!.” MJ . Rider

 

 

 

 

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One Comment to “Relatos Cortos: Vocación (I). Basado en hechos reales”

  1. HOLA MUY LINDO RELATO… ESTO ES UN HECHO REAL???

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