Relatos Cortos: La niña de la oscuridad (I)


Había una vez, una niña que vivía en un mundo de oscuridad. En este mundo ella era feliz, pues tenía lo que necesitaba y tampoco sabía que existía otra cosa, así pues no podía desear ni añorar lo que no conocía. La niña de la oscuridad, no vivía sola, vivía con su familia y tenia un guardián, que velaba que todo fuese bien, que ella siguiese disfrutando de ese, su mundo y ante todo, se encargaba de mantener alejados a los angelitos de la luz, pues estos eran malignos, y traían falsas noticias y falsas ilusiones de otros mundos, lo que podía hacer que la niña de la oscuridad perdiese su felicidad.

 

            Por las noches, cuando todo el mundo dormía la niña de la oscuridad soñaba, y anhelaba algo, no sabía que, pero su corazón necesitaba algo que no comprendía, pero que pedía a toda costa. Fue así que los malignos ángeles de la luz se aproximaron a ella, y le hablaron de la luz, de las flores, del color, y del amor. Le contaron historias de príncipes y  princesas, le contaron que había otros mundos, otras posibilidades, y la niña deseó conocer todo eso, deseó sentir  y vivir.

 

            La niña de la oscuridad ya no era feliz, ya no era la misma, con toda su alma deseaba ver esos mundos, sentir lo que era el amor. Su guardián cada día más preocupado le daba menos libertad, pero ante todo estaba muy intranquilo, veía que la niña cada vez se iba alejando más y más, y que ni las normas estrictas, ni sus cuidados paliaban su tristeza, que la niña se iba apagando lentamente. Observaba que la niña de la oscuridad, cada día pasaba más tiempo sola, paseaba y  paseaba y cada vez que podía se alejaba de él. El guardián seguía manteniendo a los malignos ángeles de la luz lejos de la niña, pero tenia la certeza de que estos se acercaban  a ella y le susurraban al oído, la envenenaban con mentiras y falsas ilusiones.

 

            Cierto día que la niña paseaba por el bosque de las Templanzas, sintió una presencia. Ella miró alrededor, y comprobó que efectivamente había vuelto a despistar al guardián, por lo que se sintió orgullosa, pero por otro lado inquieta, no habría quién la protegiese, y la presencia cada vez se hacía mas intensa. De pronto puedo ver entre los oscuros árboles un rayo de luz, algo efímero y hermoso, era como lo que describían los ángeles de la luz. Con determinación se acercó al lugar, y allí, junto al río de las Lamentaciones, había un joven, un joven de luz, que lloraba desconsoladamente.

 

            Despacio se acercó a él, lo observó a cierta distancia. El chico de la luz se percató de su presencia, la miró fijamente y se acercó a ella. Hablaron durante horas, desnudaron sus almas, él le habló de sus mundos, de las maravillas de la luz, ella se limitó a escuchar, a soñar y amar, pues amó al chico de la luz nada más conocerlo. Ella entendió su dolor, e intentó remendar sus heridas, el decía que sería imposible que nadie nunca podría. Ella con corazón enamorado estaba convencida que lo conseguiría.

 

            Esa noche al regresar a casa el guardián no dijo nada, pues vió que la felicidad había vuelto a cara de la niña de la oscuridad, y no le importaba donde hubiese estado ni lo que hubiese hecho, allí no había peligros, lo importante era que ella era feliz.

 

 

            El chico de la luz volvió día tras día, la niña de la oscuridad lo esperaba ansiosa e ilusionada. Él le hablaba de la luz, de los lugares que había más allá, de nuevos mundos, nuevas comidas. La niña de la oscuridad cada día ansiaba más que un día le pidiese que lo acompañase, que la sacase de allí, de aquel mundo que tan poco le aportaba, que la llevase con él, que junto a él todos los sueños se hiciese realidad. Fue en una de esas visitas cuando él la estrechó tiernamente entre sus brazos, y la besó tiernamente en los labios, fue ese día cuando la niña de la oscuridad amó con desesperación al chico de la luz, cuando su henchido corazón vibró de alegría, cuando su mente se hizo ilusiones.

 

            El guardián observaba a la niña y por un lado estaba preocupado por sus escapadas, por otro hacía la vista gorda, ella era tan feliz…., se veía tan radiante. Pero ante todo estaba su deber y el gran amor que en secreto le procesaba. Un día fingió que la niña lo había vuelto a despistar, como hacía todos los días, pero en esta ocasión la siguió. La distinguió llegando al bosque de la Templanzas y la vio lanzarse en los brazos de un chico de la luz, su corazón herido sangró y su preocupación fue inmensa. Se paró a pensar si eran celos, observó que no, la amaba tanto que solo deseaba lo mejor para ella, y no sabía si él lo sería. Se mantuvo semioculto entre el follaje, y lloró su pena, lloró su amor, como si las lágrimas pudiesen arrastrar de su corazón cualquier resto de amor.MJ Rider

 

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