Relatos Cortos: La Congruencia (II)


             El se acercó a ella sonriendo, se dieron dos besos de cortesía, se miraron a los ojos y se abrazaron, ella se deleitó en aquel instante, su fragancia, su cercanía, él. Su estado de nervios iba empeorando por momentos, temblaba como una ramita a agitada por el viento.

          ¿Tienes frio? – preguntó él, ella negó con la cabeza.- ¿entonces?

          Eres tú, me pones nerviosa.

Entraron en la cafetería y después de hablar de un poco de todo, él entró en el tema del trabajo, le explicó las expectativas, las condiciones, el sueldo, y demás pormenores del mismo. Ella no veía mal el puesto, aunque seguía sin verse como vendedora, no era lo suyo, sin embargo, por cortesía se mostró amable e hizo algunas preguntas. En la cafetería entró un grupo de extranjeros, el camarero se acercó a ellos y les pidió que si no les importaba irse a la sala común, pues iban a dar de cenar a esa excursión de franceses; entre risas, así lo hicieron.

Se acomodaron en sillones de mimbre, uno muy cerca del otro. Por unos segundos sus miradas se encontraron, ella sonrió, él le dijo que era muy bonita, mucho mas en persona que en fotografía, le cogió las manos entre las suyas, ella temblaba con más fuerza, él le susurró que era el sueño de cualquier hombre, mientras le acariciaba la mejilla, poco a poco sus labios se acercaron, y se fundieron en un dulce y cálido beso.

          Dime, ¿que piensas en este momento? – preguntó él

          Que me gustaría que este beso durase siempre, que me gustaría perderme en tus besos y en tus caricias.- Las lágrimas rodaban por sus mejillas, sabía que se acababa de enamorar.

          Si eso pasa no podré contratarte, y necesitas ese trabajo para ser libre de tu marido, y luego eres una mujer casada, jamás estaría con una mujer casada, jamás seré la causa de la ruptura de un matrimonio, mejor que esto se quede así, no ha pasado y no hablamos mas del tema.

          Es lo mejor, yo jamás abriré una puerta sin cerrar otra antes.

Pasaron los meses, ella aceptó el trabajo y comenzó a trabajar, era ordenada y eficiente, pronto supo hacerse con el trabajo y comenzó a destacar entre sus compañeros y compañeras, y se ganó el cariño y el respeto de todos y cada uno de ellos. Él y ella mantenían las distancias, su amistad iba creciendo, pero jamás se quedaban solos, jamás volvieron a hablar del tema. Un mes antes su marido la había abandonado, ella estaba más delgada, triste y a duras penas sonreía, pero seguía luchando, más que nunca podía rendirse, ahora tenía que luchar para sacar adelante a su hija ella sola, y salir ella. De día se ponía la mascara y sonreía, por las noches, en la oscuridad, sólo las lágrimas y la pena eran sus compañeras.MJ Rider

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: