Relatos Cortos: La Congruencia (I)


 

Había empezado a llover con fuerza, mientras se duchaba oía el repiqueteo de la lluvia sobre el cristal de la ventana. Tenía el estómago lleno de palomitas, estaba muy nerviosa. Salió de la ducha, se envolvió en una toalla y se acercó al ordenador, el seguía conectado, lo saludó, le dijo que ya iba a comenzar a arreglarse. Era su primera entrevista de trabajo, y realmente estaba convencida de que no le interesaba para nada ese tipo de empleo, pero si le interesaba conocerlo  a él, desde que había llegado a su vida, vía chat, sin saber cómo , se estaba haciendo muy importante, casi imprescindible, diría.

            Hacía unos meses que habían coincidido en un chat, se cayeron bien y se agregaron al Messenger, desde entonces habían hablado a diario, tanto por teléfono como por el Messenger, se habían convertido en el confidente perfecto uno del otro. Él le había hablado de su pasada relación, de su maltrecho corazón y de su incapacidad de amar, debido a las heridas tan profundas recibidas, le habló de su desconfianza en todo el mundo, excepto de ella. Ella le habló de su hija, de su marido, de la infidelidad de este y de su miedo a dejarlo, a dar el paso, por su pequeña y por su situación; fue cuando él le propuso el trabajo, le dijo que le haría una entrevista, pues el era director comercial de una conocida marca de cosméticos, ella aceptó la entrevista, más por conocerlo que por otra cosa, pues ella, no valía para comercial.

            Se miró al espejo, se sentía como una quinceañera, estaba muy nerviosa, no se veía mal, pero tampoco como esperaba, él le había dicho que no se maquillara mucho, que no lo necesitaba. Se vistió con un pantalón pistacho y una camiseta de media manga y descotada, volvió a mirarse al espejo y por primera vez en muchos meses, volvió a encontrarse con sus propios ojos, miró al fondo, y aunque hoy un leve brillo los iluminada, solo logró ver amargura y tristeza, y pensó, Dios mío, ¿qué ha sido de mi misma?

            Volvió al ordenador, eran solo las cinco y media, habían quedado a las siete. Tenía las manos sudorosas y cada minuto que pasaba aumentaba su tensión, no entendía su estado, realmente no pretendía nada con él, sólo quería conocerlo, sólo verlo en persona, a su mejor amigo, a su confidente, jamás le sería infiel a su marido, aunque lo mereciese, ella quería seguir luchando por su matrimonio, por su hija, por la familia, por no hacer daño, tal vez realmente, por el resto del mundo menos por ella. Él le dijo que salía para allá, sus piernas temblaban aun con más fuerza, en media hora sería una realidad. Dio un último vistazo a su imagen en el espejo, suspiró y salió.

            Llevaba un rato esperando en la puerta del hotel, caía agua a mares, y había un viento, cuyas ráfagas frías se colaban hasta los hueso, ella parecía un soldado de guardia frente al cuartel, paseaba de punta a punta de la terraza del hotel, levantaba la mirada y observaba todos los coches que llegaban, pero ninguno era él. En dos ocasiones estuvo por llamarlo, pero se retuvo, sólo llevaba diez minutos de retraso y no quería parecer impaciente. Volvió a llegar otro coche, tampoco era él, luego otro, ya levantó la vista con la esperanza perdida y lo vio bajarse, con su traje de chaqueta oscuro, una carpeta bajo el brazo y un maletín en la otra mano. A primera impresión no le pareció guapo, muy corriente, se dijo para si misma, esto va bien, mejor así, no tentación, no peligro. 

 

 

MJ Rider

 

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