Siempre los padres decimos que daríamos la vida por nuestros hijos, y más aun por nuestras hijas. Estoy convencido de que debe de ser un tipo de síndrome o algo, pues, aunque a regañadientes, reconocemos que nuestros niños varones crezcan, pero nuestras niñas…,esas no, esas siempre son nuestras niñas, siempre quieres protegerla, no se, tal vez sea verdad la leyenda urbana de que las niñas son de papá.
No se si fue ese amor desmesurado, o si fue el instinto, o un sexto sentido, de ese que dicen las madres que tienen, no se que fue, lo que aquella noche me impulsó a seguirla, lo que hoy hace que me siente, aquí frente a un papel en blanco, empuñando el único arma que se empuñar, que he empuñado la mayor parte de mi vida, un bolígrafo bic.
Aun recuerdo, como si fuese ayer, y más aun hoy, después de lo ocurrió hace apenas unas horas, el primer día que la vi, tan morena, con esos ojos tan vivos, con tantas ganas de vivir, de aferrarse a la vida. Aun recuerdo con que avidez tomó de la leche de su madre, y aun recuerdo como su madre y yo bromeábamos con su nombre, Nieves, cuando era tan morena. Ese día me enamoré, como no lo había hecho nunca, había nacido mi hija, mi niña, la luz de mi vida, la niña de mis ojos.
Nieves siempre fue una niña tranquila, aplicada, cariñosa, yo no podía sentirme mas orgulloso, mi pecho se henchía de orgullo y de amor con cada avance en su vida, su primer paso, sus travesuras, sus primeros sobresalientes…..La veía crecer, bueno en realidad veía que me gastaba un dineral en ropa que apenas duraban unas semanas, pero en el fondo de mi corazón, nieves era siempre mi niña, mi pequeña, la niña de mis ojos.
Un recuerdo, para mi, muy entrañable, era por las noches, cuando, después de cenar, se subía a mi regazo y me decía, “papi, cuéntame cosas”. A veces le contaba cuentos, otras historias de Córdoba, otras inventaba cuentos, y la mayoría simplemente la miraba mientras ella iba cerrando poco a poco sus párpados.
Creció en el negocio familiar, entre folios, bolígrafos, material de oficina y libros. En realidad yo todo el día estaba en el mismo ambiente, pues era administrativo. Un bolígrafo vic, era mi arma de trabajo, y siempre, siempre llevaba uno en el bolsillo, y por supuesto, siempre tenía varios de repuesto en mi pulcro escritorio.
Como ya he dicho, Nieves era una chica muy responsable, muy seria, apenas si salía, y cuando lo hacía siempre decía donde iba y llegaba a casa puntual, aunque prefería que yo la recogiese. A pesar de sus diecisiete años, de que era una mujercita, yo pasaba esas horas fatal, era mi niña, mi pequeña, la niña de mis ojos.
No se por qué aquella noche hice lo que hice, no se por qué, salí tras ella, no se por qué hice lo que hice, no se de donde saqué el valor, y aunque hay veces que siento remordimientos, no me arrepiento. Lo hice por amor, lo hice por ella, por la niña de mis ojos, aunque eso ahora tal vez me cueste mi libertad, aunque, lo que hice, es el motivo, que aquí en esta celda, mientras espero a que un juez diga cual será mañana mi destino, mi única compañía vuelva a ser un papel en blanco, y el único arma que nunca empuñé, un bolígrafo bic.
Nieves ese día iba muy guapa, preciosa, me sentí muy orgulloso de ella, pero también sentí pánico, los tíos son muy hijos de puta, y tenemos la mente muy sucia, yo lo se, soy uno de ellos. Por primera vez vi a mi niña como carne de mercado, vi a mi niña en peligro, y eso no me gustó, nada, nada de nada. Un vacío extraño se apoderó de mi estomago, y el corazón pugnaba por no salir por mi boca, era algo parecido al pánico, era algo horroroso lo que sentía.
MJ Rider


















