“En el polvoriento y seco mes de junio de 1556, un pequeño grupo de jinetes cabalgaba a través de los montes andaluces en busca de olvidadas minas de metal, siguiendo órdenes del rey Felipe II. Conducidos por un guía de Zalamea la Real, se dirigían a Zalamea la Vieja, pequeño y remoto pueblo serrano, para comprobar los rumores de abandonados yacimientos en esa zona”.
(David Avery, “Nunca en el cumpleaños de la reina Victoria”)
Este es el primer párrafo del capítulo primero del libro de David Avery tantas veces citado. Y este párrafo es ya uno de los primeros errores del mismo. Vayamos por partes:
Primeramente el autor dice: “Conducidos por un guía de Zalamea La Real”, cuando, aún en esa época el pueblo al que se refiere se denominaba “Zalamea del Arzobispo”, y más adelante asegura la existencia de “Zalamea la Vieja” diciendo que es “un remoto pueblo serrano”, elucubración que, muy libremente, extrae de la “Relación fecha en la villa de Aracena”, que el clérigo Diego Delgado escribiera en 1556. Otros, posteriormente, han sostenido que Zalamea la Vieja era el actual pueblo de Nerva, convirtiéndose estas afirmaciones en verdades absolutas asumidas y transmitidas luego por otros escritores que les precedieron. Pero, a mi juicio, ambas apreciaciones son erróneas.
Vayamos a la fuente primera en la que aparece la denominación “Zalamea la Vieja” que, como saben, es la ya citada “Relación fecha en la villa de Aracena”.
Documento original de 1556, escrito por Diego Delgado, conservado en el Archivo de Simancas
Transcripción del informe de Diego Delgado publicada en el libro “Noticia histórica documentada de las célebres minas de Guadalcanal”, escrito por Miguel de Burgos en 1831.
Quizás el título que da en su libro Miguel de Burgos al informe de Delgado, haya sido lo que ha inducido a error a los que sostienen la afirmación que estamos analizando: “Relación de las minas de Zalamea la vieja, o sean de Riotinto”.Punto uno: el “Riotinto” al que se refiere Miguel de Burgos es la “Aldea de Riotinto”, o sea, la actual Nerva.El hecho de nombrar como “La Vieja” a los asentamientos y ruinas más antiguas que el propio pueblo que así las apellida, es común en otros lugares de nuestra geografía, teniendo el ejemplo cercano de Tejada la Vieja, en Escacena del Campo (Huelva), donde también la tradición popular bautizó así a las ruinas de aquella antigua ciudad del siglo VIII a.C., para diferenciarla de la Tejada romana (Ituci, o Tucci en otras crónicas), muy posterior a la primera.


Murallas de Tejada la Nueva, en Escacena del Campo (Huelva)
También en el libro Itálica arqueológica (A. Caballos Rufino/J. Martín Tatuarte/J.M. Rodríguez Hidalgo), sus autores recogen así este hecho referido a la propia ciudad de Sevilla:
“Después de que en 1248 los cristianos conquistaran Sevilla a los musulmanes, el solar de la antigua Itálica, unos terrenos sembrados de ruinas, aún mantuvo como recuerdo de su glorioso pasado el sugerente nombre de “campos de Talca” o de “Taliqa” . Pero ese nombre se fue perdiendo podo a poco, al tiempo que iba extendiéndose la idea de que realmente se trataba del emplazamiento que antiguamente había tenido Sevilla. Surgió entonces el nombre de “Sevilla la Vieja” para designar estas ruinas”
Preciosa vista aérea del anfiteatro de Itálica. (Santiponce, Sevilla)
Basten estos dos cercanos ejemplos para ilustrar esta hipótesis, aunque, sin duda, un rastreo más profundo en nuestra geografía y en nuestra toponimia, nos incrementaría notablemente la lista de ejemplos similares.
Sin duda es mucho más esclarecedor este argumento que cualquier otro, lo que, por otra parte, quizás hasta añada magnitud a las ruinas romanas que había en Cerro Colorado ya que, si la creencia popular era que se trataba de una ciudad antecesora de la Zalamea de la época, al menos debería de tener, aún en ese tiempo, la suficiente entidad como para ser nombrada por la voz popular “Zalamea la Vieja”.
Un artículo de José Márquez Trigo
http://catedraldelosesfuerzos.blogspot.com/
Punto dos: Si la “Aldea de Riotinto” es evidente que ya existía como tal y se conocía como tal, no se entiende entonces el motivo de atribuirle el nombre de “Zalamea la Vieja”, y no referirse a ella con su propio nombre.
Punto tres: Si la Aldea de Riotinto pertenecía a la jurisdicción de Zalamea (entonces Zalamea del Arzobispo), y era una entidad menor dentro de su término, no parece muy lógico, aunque solo fuera por el egoísmo puro y natural de los vecinos del pueblo principal de ostentar el “título” de “núcleo primigenio”, que se le atribuyera el mismo nombre que a este, pero, además con el apelativo “la Vieja”, dándole así mayor relevancia y peso histórico, y con el reconocimiento implícito, además, de ser considerado el núcleo más antiguo. Por otro lado se nos plantea una pregunta, y es que, de ser cierto, ¿por qué no siguió creciendo como núcleo más antiguo que era, en vez de seguir evolucionando tan solo como aldea hasta 1885?
Desde que en 1279 el rey Alfonso X el Sabio cediera estas tierras al arzobispado de Sevilla, el término pasó a denominarse “Zalamea del Arzobispo”, información que, sin duda, debería de tener el clérigo madrileño y, por lo tanto, resulta extraño que no se refiriera a la misma por su nombre verdadero. ¿Qué era entonces “Zalamea la Vieja”?
Parece claro que no era ni la actual Zalamea la Real, ni la actual Nerva, ni el actual Riotinto.
Lo cierto es que ninguna hipótesis se fundamenta sobre una base sólida ya que ninguna aporta pruebas documentales tangibles que la avalen con rotundidad.
Mi teoría es bien distinta, pero igualmente sin una base documental en la que poder apoyarla, haciéndola incuestionable. No obstante trataré de argumentarla en base a mis propias deducciones ya que, muchas veces, una mera opinión vertida en un medio escrito puede convertirse con el tiempo en verdad absoluta y, por lo tanto, con la posibilidad implícita de ser también en error absoluto (como creo que es el caso). Es bueno, a mi juicio, revisar de nuevo aquellas informaciones débilmente fundamentadas y traerlas de nuevo al vidrio del microscopio para volver a analizarlas. Es posible que ahora, por el tiempo transcurrido y por el avance del conocimiento humano, se nos abran nuevos horizontes que ya creíamos superados.
Parece, pues, más verosímil, que, al utilizar Delgado el nombre de “Zalamea la Vieja” se estuviera refiriendo a otro lugar que no era ni “Zalamea del Arzobispo” ni la “Aldea de Riotinto”. Yo creo que ese lugar no era otro que las ruinas de la ciudad romana del Cerro Colorado, y que quizás la tradición popular habría bautizado como Zalamea la Vieja, en la creencia de que aquella sería la antigua ciudad antecesora de la actual (entonces) Zalamea del Arzobispo, desaparecida por causas que ellos no llegaban a entender, pero de la que quedaban las huellas que lo testimoniaban.
Esta misma teoría ya la mencionaba Manuel Hidalgo Caballero, en un artículo que escribiera para el Programa de Fiestas de Zalamea la Real del año 1991, en el que decía:
“…Conocíase con el nombre de Zalamea la Vieja al solar de ruinas y vestigios de los antiguos en términos de Zalamea del Arzobispo, que, a partir de 1592, habría de pasar a apellidarse La Real…”
Piénsese que, en aquella época, las ruinas romanas deberían lucir en todo su esplendor, quizás tan solo esquilmadas por la necesidad de materiales para nuevas construcciones de los habitantes del entorno, ya que era más fácil acarrear sillares y piedras ya talladas que hacerlas nuevas.